Superar una esquizofrenia

superar una esquizofrenia

Fue todo un acto de amor aprender a superar una esquizofrenia. Cómo me gustaría en poco espacio deciros muchas cosas de lo que he vivido y me sienta bien. Desde pequeña me interesaba para que los demás vivieran bien y tantas veces estuve sin poder hacer nada, sólo tenía lágrimas y lloraba desde aquella oscuridad, porque se me olvidó vivir, y pensaba: “la vida tiene que ser algo más”

No sabía dar un paso cuando salí del sanatorio. Un día sentada en una piedra, mi hijo me dijo: “pareces un mendigo” estaba apesadumbrada y ya no sabía ni caminar, pero me hizo reaccionar. Ese mismo día me recordé aquello de “No hay camino, se hace camino al andar” Empecé a crear un camino precioso, todo lleno de amor y rosas con buen aroma. Es cierto que las rosas tienen espinas y dan algún pinchazo, pero el perfume y su color son tan lindos que fue siempre más grande el Amor que el dolor.

El conocimiento de uno mismo, cuando lo explico es como una casa que hay que ordenar. Primero el desorden, todo patas para arriba, pero no os asustéis, la casa queda muy linda como pasa con nuestro interior. Pronto se ordena y va saliendo el amor. Cuando os conozcáis bien, qué importa el tiempo que ha costado, cualquier situación de vida es buena, cualquier estado. Si te conoces es un sueño solo recibes regalos. Cada día es un lujo, me levanto y digo a la pequeña Lumi: “qué bien, vamos a jugar hoy”.

En el mundo que vivo, no hay malos ni buenos, sólo circunstancias. Tengo la suerte de saber que las personas son mejores de lo que parece, solo que a veces hay que esperar. Después de que a esa persona le has dado esa oportunidad, es estupenda.

A mi edad tengo la soltura de elegir y también facilidad para poder gestionar, porque vivir el presente es lo mejor que tenemos.

Hay personas que me pregunta cómo puedo escuchar cosas de tanto dolor y no afectarme. En el pasado si me tocaban, pero ahora presto toda la atención y suelo tener una palabra que les llega, porque lo hago con mucho cariño y delicadeza. Todos somos seres de luz.

Cuando era más joven, visitaba enfermos y les contaba este cuento:
Había una vez un borriquillo que solía cargar agua por una ruta. Casi siempre transportaba dos cántaros de agua, pero uno de ellos estaba roto y derramaba agua por el camino, lo que causaba tristeza en el burrito y le hacía sentir mal. El hombre que le acompañaba en cada trayecto se dio cuenta y le dijo: “lo tuyo es de gran valor, mi querido burro. Con el agua que se ha derramado por el camino han brotado un sinfín de flores”

Otro cuento que solía contar:
Erase una vez que se era, dos ratitas que iban caminando por una senda, sin percatarse que unos metros más allá había una zanja, por lo que cayeron en ella sin darse cuenta. La zanja era profunda y la gente del pueblo rumoreaba entre sí “no podrán salir por sí mismas, esa zanja es muy grande para ellas”. Pero resulta que una de ellas salió, dejando boquiabiertos a los lugareños. Esa rata era sorda, y no le afectaban los comentarios de los demás. ¿Qué importan las palabras?

Os diría tantas cosas que escribiría un libro. A mis setenta y cinco años, estar con vosotros ha sido un regalazo, tenéis un gran conocimiento y cualidades.

Un abrazo,

Iluminada

Superar abusos en la infancia

Una historia real de superación

Hola , os escribo para contaros mi caso, no he pasado por enfermedades, pero conseguí superar abusos en la infancia que es una situación verdaderamente dura y difícil de entender. Me sentía sola desde los cuatro años. Vivía en un patriarcado, donde era todo dictadura, donde tuve abusos de todo tipo, por lo que me odiaba y aborrecía. Llegué a decirme que era la puta de mi padre, me destruí y humillé por los abusos de mi padre a los doce años; con trece primaveras intenté suicidarme.

Todo esto, me marcaría para los años siguientes, pues aunque encontré al amor de mi vida a los quince años, seguí castigándome y trabajando duramente sin respeto ni amor hacia mi persona. Tenía una vida dura, hasta el punto de perder varios hijos, uno de ellos tenía siete meses de gestación, pero decidió irse y mi depresión parecía ser una compañera inseparable.

Conseguimos finalmente tener un niño que compartió durante un tiempo mi tristeza. Sin embargo, por alguna razón, algo cambió a partir de mis treinta y tres años, porque empecé a trabajarme, a sentirme viva, a adorar mi ser y con ello llegué a todos vosotros casi con todo el trabajo hecho.

Gracias a mis desdichas soy la persona que soy, más fuerte y más sabia. Respeto quien soy y también mi trabajo, porque durante muchos años me sentí como un cero a la izquierda por limpiar casas, limpiar culos (cuidar personas), pero realmente mi trabajo es de los más necesarios, todos necesitamos a alguien alguna vez. Mi trabajo es digno e imprescindible. Respecto a mi infancia, logré pasar hoja, cada uno es dueño de sus actos y yo he aprendido a mirar adelante. Todo mi apoyo a aquellas mujeres y también hombres que han sufrido abusos.

Yo, ya he conseguido la paz esperada. Que nada ni nadie dañe vuestra vida, que es el bien más preciado que nos ha dado Dios. Os quiero.

Casos de Superhéroes y la banalización del dolor

Hace años que inicié algunos artículos que recogían casos de superhéroes y heroínas que se superaron. Recientemente después de una importante cirugía y muchas horas dedicadas a la rehabilitación y al mismo tiempo a pensar y reflexionar, he retomado con fuerza estas publicaciones fundamentalmente de anónimos y que pretendo recoger en webpositiva.org para compartirlas por si pueden ser de ayuda.

Algo que me impulsó a dar fuerza a este proyecto, es que durante todo este tiempo de convalecencia, tuve la impresión de que se está imponiendo una felicidad plástica y a su vez me preguntaba si se está banalizando la vida, obligándonos a mantener una pose eternamente feliz, como si por nuestros días no pasaran dificultades o como si de haberlas, tuviéramos que enfrentarlas con una sonrisa y buen talante para no ser sospechosos de debilidad.

Después de mi segunda cirugía, en un momento de mi vida más maduro y también más solitario, el tiempo se detuvo y toda mi actividad se paró. Enfrentar las consecuencias y toda la rehabilitación en solitario (un año aproximadamente) se hizo especialmente duro. Era frecuente que desde fuera compararan todo con mi primera intervención cuando tenía diecinueve años y además acompañado con tratamientos de quimioterapia.

Ahora con cuarenta y cuatro años, aparentemente tenía todo mejor solución que en aquellos tiempos de juventud. La diferencia es que cuando salí de aquel proceso tienes todo por delante, estás más arropado, y además piensas que todo es más sencillo, que puedes alcanzar todo.

He sentido frustración en estos últimos años, cuando intentas compartir y hablar de tu proceso de dolor. Muchas veces la respuesta era acompañada de algún vídeo motivacional que nada tenía que ver, me hablaban de deportistas de élite, de superación, etc. Lo curioso es que de aquellos vídeos se tiende a omitir también o a profundizar en que para superar algo, también se sufre y se dedica tan poco tiempo a esto, que cuando ocurre lo omitimos para no parecer imperfectos y para ajustarnos al modelo de éxito, fortaleza y felicidad que se nos impone.

Finalmente, aunque por dentro estaba jodido, automaticé la respuesta cuando alguien me preguntaba ¿Qué tal estás? Mi contestación era siempre “Bien, bien, todo bien” Por tanto quiero subrayar que no eres un bicho raro si te has sentido por los suelos, que no pasa nada porque la vida son momentos y seguro que lo superarás, pero todo tiene su tiempo.

Webpositiva.org quiere recoger esos testimonios que nos hacen humanos, que nos hacen únicos porque nos dan una experiencia características y que paradójicamente dentro de nuestra mortal y limitada existencia, nos hacen héroes y heroínas. Si querido lector, tu historia me interesa y lo que eres como persona. Llora, ríe, ama cuando sea necesario, o simplemente cuando se pueda.

Un abrazo.

Crisis a la vista

Ermitaño por imposición

Crisis personalHace más de tres meses que divisé y grité aquello de… ¡Crisis a la vista! Resulta que la vida es caprichosa y que cuando parece que estás enderezando el vuelo, tienes ilusiones que se abren ante ti, aparece el visitante inesperado y nunca bienvenido en un formato que nunca gusta, en mi caso todo se preparaba para una intervención quirúrgica, sin tener una fecha clara, con la movilidad reducida y un grado progresivo de deterioro a medida que pasa el tiempo. Siempre me ha gustado mis momentos de soledad, pero esta vez soy “ermitaño por imposición”, justo cuando se aproxima el verano y cuando tu mente y tu cuerpo más te piden estar hacia fuera.

Para más inri, los tiempos de médicos y pruebas van a un ritmo distinto que el de tu propio reloj, que parece querer apresurarse y es así como fácilmente vuelves a sentirte vulnerable, sin las riendas y el control de tu futuro.

La incertidumbre, el nerviosismo, la impotencia ante la situación que se genera puede hacerte ver el escenario en el que te encuentras. Puedes sentir incluso la soledad  más extrema y aprender a enfrentarte solo al gigante de tus miedos otra vez. Puedes incluso ponerte unas gafas que te confronten con la realidad, habrá personas que te sorprendan para lo bueno y para lo malo. Definitivamente te pone en tu sitio por muy doloroso que sea.

¿Y ahora qué hago?

Ahora que escribo esto, estoy inmerso en todo el proceso y ha habido momentos de mirar al frente y no ver nada claro. Lo paradójico de la vida es que te puedes quejar un instante, pero al rato tienes que hacer un “stop” para recordarte que aún puede apretar más y que hay personas que esa misma situación puede parecerles hasta liviana. No te sorprendas si surge en tu cabeza la pregunta de por qué sufrimos o qué sentido tiene todo en la vida. Quién sabe, quizás dentro de unos cuantos cientos de años, seamos capaces de remar juntos para un fin común y también capaces de comprender un poquito más todo este misterio que nos envuelve..

La cuestión es, que llegado el momento cuando comienzas a aceptar lo que has andado y lo que te queda por recorrer, lo mejor es ponerte un plan de trabajo para aprovechar el tiempo y parar la mente. Por  ello y por si sirve de algo, comencé a hacerme un listado de las cosas que siempre quería hacer y no podía por falta de tiempo, en mi caso y por mi situación, serían aquellas que no precisaran de muchas movilidad. A modo de tormenta de ideas por si te encuentras en una situación similar, dejo alguna de las tareas que me he pautado; ya os contaré cual fue el resultado final. 🙂

Las tareas del convaleciente

  1. Lo primero de todo creo que en la medida de lo posible es tratar de hacerte la vida más cómoda, quizás tengas que adaptar un poco tu entorno conforme a tus necesidades. Para algunas cosas, te tocará depender, para otras igual puedes apañarte; hoy en día el comercio electrónico puede hacerte llegar lo impensable.
  2. Aprender a tocar un instrumento. La música obra milagros y en mi caso entré tan tarde al aprendizaje de la música que he tenido que ir a poquitos, cuando uno puede arañar algo de tiempo. Así es que puede ser una gran oportunidad y un buen entretenimiento ¿No?
  3. Dale caña a un idioma. Es otro clásico de la procrastinación, y de los “tengo que…pero empiezo mañana” Dedicar un tiempo a la lectura y el aprendizaje de un idioma puede serte de gran ayuda durante y después de la crisis.
  4. Estudia algo que te apetezca. Hoy en día hay un sinfín de formaciones tanto en presencial como a distancia. Quizás ya te encuentres estudiando una carrera, un módulo o una oposición. Pues bien ¡A por ello!
  5. Dedícale un tiempo a la meditación o a la relajación. La mente es un gran reto a conquistar, creo que se debería ejercitar estas prácticas desde pequeños, para tener mayor autocontrol, enfrentar mejor las crisis. Si tenemos este bagaje, seguramente vamos a adquirir más sabiduría y también más empatía.
  6. No te olvides de lo lúdico. La música y el cine también te mantendrán entretenido, así es que selecciona los temas que más te gusten. Las películas cómicas, tienen el plus de que además te harán reír.

Define la RAE la palabra Resiliencia como la “Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. Una crisis puede hacerte replantearte muchas cosas, es duro, pero puedes salir fortalecido en muchos aspectos que probablemente sólo se vean con el paso del tiempo. A veces incluso, es mejor no intentar comprender demasiado… Suerte compañer@, que arribes a buen puerto.

Salir de la prostitución

Casos de Superación Personal

Salir de la prostitución es posible - Casos de SuperaciónLa historia que presentamos hoy, es realmente escalofriante. No me canso de decir, que las historias anónimas son las que más me conmueven. Nos llegan habitualmente en medios, los relatos de personas de renombre que alcanzaron el éxito económico, pero el poder que reside en cada uno de nosotros y la capacidad de superación es tal, que es lo que me anima a dar a conocer estas historias. No pretendo con ello quitar importancia a las vivencias de los Steve Jobs, Bill Gates, etc. Sencillamente, ya están bien promocionadas, pero al final el día a día de todos está lleno de dificultades y lo que buscamos normalmente es a personas que hayan pasado por situaciones parecidas. En muchos casos son especialmente dramáticas, como la que hoy contamos y que desgraciadamente se repite para muchas mujeres.

«Salír de la prostitución es posible con decisión y coraje»

La historia de Miriam (nombre ficticio) nos es familiar; seguramente por noticiarios, reportajes o algún otro artículo en prensa. Vino engañada por las mafias de los países del este y lo peor aún, con la complicidad de algún miembro de su familia.

«Me dijeron que vendría a España con un contrato de trabajo para trabajar en servicios doméstico, pero cuando llegué al país, la realidad fue muy distinta, pues me encontré en medio de una trama de prostitución y yo misma como esclava sexual, coaccionada y amenazada, pues además había dejado en mi país a un hijo, que por nada del mundo quería que se viera afectado. Cuando llamé a mi familia para contarles la realidad, me di cuenta de la traición. Su respuesta fue clara: tu manda dinero que sabes que aquí lo necesitamos. Me quedé perpleja, sin palabras y mi tiempo se convirtió en un infierno que no sabía como romper, porque estás llena de miedo.

A pesar de todo, esto es como una olla a presión, cuando ya no cabe más espacio para el vapor, por algún lado tiene que salir. Es por ello, por lo que me escapé y pude dar con una casa de acogida y al poco tiempo entré en un trabajo de repostería, donde conocí a mi pareja actual con la que me sentí verdaderamente apoyada. Trabajé mucho, pero en cuanto pude, me fui directa a traerme a mi hijo, por el que aún temía.

Para muchos el final les sonará a cuento de hadas, pero es una historia dura de contar, aunque no me tiembla el pulso si lo tengo que hacer. Puedo sentirme muy orgullosa de lo que soy y de lo que he superado, soy consciente de ello y además creo que gracias a la meditación he sabido transformarlo en algo positivo. Sí, la vida es dura, pero no puedes quedarte en el pasado, toca mirar para adelante y descubrir que también en el camino das con gente maravillosa.»

Relato Anónimo