Sensación de perder el tiempo con alguien, experiencia de vida

Microrrelato perder el tiempo. El trébol siempre de dará algo.
Microrrelato El Trébol de la Suerte (el tiempo nos da la experiencia)

¿Has tenido la sensación de haber hipotecado tu tiempo con algo o alguien?

Aquí os dejo un breve relato, un pequeño cuento que habla sobre esa sensación de perder el tiempo en relaciones, situaciones, personas, etc. El destino se manifiesta como trébol o como diente de león ¿Por qué? Descúbrelo en esta historia.

El Trébol de la Suerte – Microrrelato

Se despertó una mañana con ganas de comerse el mundo y fue en ese instante cuando el sol entraba furtivo por las ventana entreabierta con sus primeros rayos de luz. La vida parecía que ahora le entregaría el trébol de cuatro hojas y una nueva oportunidad.

Se deslizó hasta que su pie derecho encontró la primera zapatilla para calzarse y salir derecho hacia el café matinal y las dos tostadas que acostumbraba a tomar. Tenía que darse prisa, porque quería ir a recoger a Mirta y a su pequeña Bora. Planificaron salir de la ciudad a respirar el aire de las montañas más próximas en Cerdedilla.

Mirta tenía unos rasgos exóticos y una inteligencia excepcional. Durante muchos años Soren, sabía que no debía cruzar la delgada línea que separa la amistad de eso que llaman el amor, pero ahora todas las señas del universo parecían querer invitarle a pasar la divisoria. La casuística, la dirección del viento, la posición de los planetas y hasta esos primeros rayos matutinos eran la evidencia del calor que él anhelaba inconscientemente.

Cuando regresó a casa, Soren agarró los dados del destino los arrojó al tapete y sumó cinco para apostarlo en años de fiel e incondicional compañía. Apuesto todo o nada.

Un día, se levantó como otras veces para recogerlas. Algo vio en ese trébol de cuatro hojas al que aún se agarraba y cuando se acercó vio que era un diente de león. No importa, como otras veces, te llevaré conmigo. Delicadamente depositó la planta en su bolsillo de la camisa. La pequeña Bora siempre le mostraba cariño, ese día quizás sus ojos le veían como un padre, aunque fuera de fin de semana…Fue en ese instante cuando vino el viento que golpeó con fuerza al diente de león y se llevó los deseos que ahí estaban como un trébol o como una margarita que se deshoja para decir… No, esta no es la dirección. Desaparecerán de tu vida y tu, tu sencillamente apostaste en vano, hipotecaste en tiempo y a cambio de nada.

El destino no es caprichoso, sabe lo que hace y por qué, escuchó en el susurro del viento. Ahora está empezando a amanecer y ya sabes que que los dados no son de fiar. La niebla a veces confunde al árbol del arbusto, al trébol del diente de león…Utiliza tu instinto, él nunca te fallará. Cuando te quite, te daré algo; el tiempo se fue pero la sabiduría te ha hecho fuerte. Ahora echa a andar, que un nuevo camino se abrirá ante ti.

Buen camino y mis mejores deseos de que alcancéis vuestras metas y objetivos. Sed felices.

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Oda al anónimo

El mundo se ha movido históricamente por anónimos

Sin ti el mundo no se movería

Acostumbrado a ver galas y escuchar grandes discursos de famosos y personajes de renombre, he querido hoy escribir mi particular oda al anónimo. No es cuestión de quitar méritos a actores, cantantes, ni mucho menos a científicos, médicos e investigadores que tanto han hecho por la humanidad. Se trata más bien de justicia, porque echo de menos estatuas y homenajes a las personas de a pie, sin las que seguro el mundo nunca se hubiera movido.

Somos la verdadera piedra angular

La verdad que nunca he sido de idolatrar, sí de admirar por supuesto y de valorar el trabajo y el esfuerzo que realizamos. Me emociona escuchar una ópera de Puccini, la novena sinfonía de Beethoven y puedo vibrar con muchos grupos de Rock de los sesenta o actuales.

La cuestión es que me sale cierta rebeldía cuando entramos en comparaciones personales y profesionales. Admiro igualmente a las personas que se levantan por la mañana a trabajar, soportan atascos, aglomeraciones en transporte público, cargan peso, realizan esfuerzos físicos, mentales, de todo tipo.

A veces creo que hay tantos problemas de autoestima por el grado de valor que se da a las profesiones y por la falta de respeto hacia las personas que las ejercen. Siento tanto agradecimiento hacia la persona que me pone el café por la mañana, siento tanto respeto por las personas que han puesto ladrillo a ladrillo de mi casa y edificio donde trabajo. Valoro tanto el médico que me ha sacado las castañas del fuego cuando he caído.

Confieso cierto hartazgo hacia las idolatrías y casi sometimiento hacia determinados personajes públicos. Valoro como decían que sepan dar raquetazos, patadas a un balón, tengan una voz capaz de erizar el vello. Todo esto es parte del espectáculo y es genial.

Como sea, la historia nos pertenece a todos por igual. Conocemos a los generales que han planificado y casi obligado a ir al frente con su culo bien pegadito al asiento, pero la lucha la han enfrentado los soldaditos de a pie, quizás incluso por una causa ajena a ellos; así es la vida.

Por eso esta oda al anónimo es para ti, para mi, para todos porque el mundo no hubiera respirado nunca si nosotros y los ídolos os necesitan más que vosotros a ellos, no me cabe duda.

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Adiós fronteras

Viva la Novena de Beethoven¡Viva la Novena Sinfonía!

Estamos muy acostumbrados a oír y leer sobre las ventajas de Trabajar en equipo, algo de lo que ya hemos hablado aquí, sin embargo, parece que existen grandes resistencias para dar un paso adelante y soñar más allá del mundo de la empresa para plantearnos un “Adiós Fronteras” y humanidad unida por un fin común Sí, lo sé, probablemente estás pensando, menudo idealista, pero…¿Te imaginas?

Recuerdo de niño un póster que tenía en mi habitación de Beethoven y unas palabras suyas al pie de éste: “Haced todo el bien posible, amad la libertad sobre toda las cosas y aún cuando fuera por un trono, nunca traicionar a la verdad” Era la base de una persona con ideales que culminó con su Novena Sinfonía.

No sé por qué siendo tan niño y sin apenas entender nada, aquella frase y aquel retrato parecía resonar en mi interior o al menos me han acompañado hasta hoy. A veces digo con ironía que “sólo creo en la novena sinfonía”

Beethoven inició la composición de esta obra en 1818 para terminarla a primeros del año 1824. El último movimiento es una coral sin igual, símbolo universal de la libertad. Parte muy importante fue el poema de Friedrich Schiller la “Oda a la alegría” publicado en 1786 que Beethoven plasmó en el cuarto movimiento conocido también como el “Himno a la Alegría” sobre el cual a su vez, se ha basado el himno de la Unión Europea.

Creo que aquellas palabras y su composición más popular, vibran en mi como en muchísimas otras personas a lo largo y ancho del planeta en distintos momentos de la historia. Nada en la vida se consigue sin esfuerzo y sin constancia, así sucede también con los retos colectivos. Si superáramos las diferencias entre países, razas, sexos, religiones, etc tendríamos probablemente un futuro por delante apasionante y avanzaríamos a pasos agigantados en cualquier materia.

Martin Luther King tuvo un sueño parecido y muchos otros pensadores conocidos y anónimos. El cambio empieza por uno mismo como afirmaba Mahatma Gandhi y creo que así es. Tanto es así que seguramente hay una mayoría silenciosa que imaginamos un planeta unido y aunque a veces parecemos resignados a que nada ocurra, lo cierto es que cada alma tiene su propia partitura, su propia melodía y podríamos sonar al unísono, porque juntos componemos la Novena Sinfonía.

Asumir nuestras responsabiliades

Reflexiones webpositivaMi reflexión de hoy no trata de cómo asumir nuestras responsabilidades personales, hoy quiero referirme a aquellas tareas y misiones que hemos de abordar de forma conjunta, como colectivo, como sociedad y como especie, pues incluso como grupo tendemos a eludirlas; la culpa es del país vecino, del lastre histórico y hasta el más grande de los ateos, le reprochará a la divinidad.

Es el hombre y no Dios el que más aprieta en la vida. Es el hombre el que debe cuestionarse sobre el dolor, e infundir amor, respeto hacia los demás y cultivar la empatía. Culpar a Dios es la salida fácil,  pero somos nosotros los que hemos montado los cimientos de este infierno. Pensaremos en las enfermedades y la muerte y no hallaremos respuesta, pero qué hay del hambre, la desigualdad, la pobreza, las guerras. Dejando creencias a un lado ¿No es responsabilidad nuestra?

Justificamos demasiadas veces meiante la crítica a la “autoridad divina” pero si nos somos capaces de mostrar compasión y de tomar las riendas para hacer el camino más llevadero para nosotros y para los demás seres sintientes, cualquier queja se queda estéril. Creer o no creer en Dios no es la cuestión de peso, porque lo que que toca es remangarse y tirar millas para conseguir algo mejor y hacer de la vida algo más fácil; el control es nuestro ¿No?

Independientemente de las creencias de cada uno, tenemos el deber de coordinarnos aunque sólo sea por gestionar el planeta en el que vivimos. Agotar sus recursos es agotar nuestras posibilidades, despreciar una vida, denota cuanto menos inmadurez y nos llevará a la solead antes o después. Estamos, nos guste o no, condenados a entendernos en algún momento de la historia. Somos seguramente, parte de un todo. Sin cada uno de nosotros el universo, no estará completo y si no respiramos al unísono del cosmos, tampoco estaremos plenos, siempre nos faltará algo y navegaremos a la deriva.

Incluso cuando en el corazón no brille un mínimo de empatía hacia los demás, la lógica lleva a pensar que cuanto mejor le vaya a los demás, mejor nos irá a todos. Cuando la energía se estanca y no fluye, termina por perjudicar a todos. Todo el mundo necesita a alguien, nadie puede organizarse hasta el punto de prescindir del resto; saber de todo y hacer de todo.

A veces pienso en lo que los seres humanos seríamos capaces de hacer si estuviéramos unidos, más allá de lenguas y culturas; sólo una nación, sin fronteras. Imaginaos, una carrera espacial y tecnológica en común, investigaciones en medicina compartiendo  toda la información, protegiendo el medio ambiente, etc. Quizás diéramos un salto evolutivo tremendo y adaptar planetas hoy inhóspitos como Marte, erradicar enfermedades, el hambre y guerras por supuesto. Quien sabe, hoy parece la utopía de un idealista, pero algo nos dice a muchos, que ese sería el camino correcto y que en algún momento se dará.

¡Viva la Novena de Beethoven!

 

Sobrevivir a las Navidades

Sobrevivir a las navidadesCómo sobrevivir a las navidades y no morir en el intento, que dirían algunos en tono de humor. Lo cierto es que las navidades siendo unas fiestas tan extendidas en todo el planeta no a todo el mundo contenta. En la mayoría de los casos son los niños los que mantienen la ilusión que se espera de ellas, también para adolescentes y jóvenes que ven una ocasión más para la fiesta y “saltarse las normas de cordura” durante dos semanas aproximadamente.

Sin embargo, conforme vamos creciendo la ilusión se transforma en compromiso y en el peor de los casos en soledad y nostalgia. Es entonces cuando queremos que pasen rápido estas populares fiestas según parece de la ilusión, alegría, religiosidad, magia y por supuesto consumo. Sale así nuestra parte más visceral para con ellas, pero ese punto de amargura es subjetivo, como muchas otras cosas, así es que ahí arrojo alguna reflexión por si sirve o ayuda de algo.

1- Aunque son unas fiestas extendidas por medio mundo, al otro medio le trae sin cuidado. Hace un tiempo escuché a una persona decir, que tenía por costumbre viajar a alguno de esos países.

2- Muchas otras personas están en las mismas circunstancias. Es frecuente encontrar grupos que se reúnen para pasarlas en compañía. Busca actividades que te gusten y donde puedas encajar y sobre todo intenta tener una actitud positiva; nunca se sabe…si te mueves puedes dar con gente interesante.

3- Si no te apetece lo más mínimo salir. ¿Sabes cuantas personas que cenan en compañía pueden llegar a envidiarte? Las cenas de navidad terminan muchas veces en discusiones familiares. Crea un ambiente, cena rica, un incienso y algún capricho.

4- Hazte un buen regalo porque te lo mereces sin más y espera hasta el día clave.

Como muchas otros temas que nos afectan el factor mental es clave. Si preparamos y acostumbramos nuestra mente a ver de otra manera todo ello, nos sorprenderemos gratamente.