Oda al anónimo

El mundo se ha movido históricamente por anónimos

Sin ti el mundo no se movería

Acostumbrado a ver galas y escuchar grandes discursos de famosos y personajes de renombre, he querido hoy escribir mi particular oda al anónimo. No es cuestión de quitar méritos a actores, cantantes, ni mucho menos a científicos, médicos e investigadores que tanto han hecho por la humanidad. Se trata más bien de justicia, porque echo de menos estatuas y homenajes a las personas de a pie, sin las que seguro el mundo nunca se hubiera movido.

Somos la verdadera piedra angular

La verdad que nunca he sido de idolatrar, sí de admirar por supuesto y de valorar el trabajo y el esfuerzo que realizamos. Me emociona escuchar una ópera de Puccini, la novena sinfonía de Beethoven y puedo vibrar con muchos grupos de Rock de los sesenta o actuales.

La cuestión es que me sale cierta rebeldía cuando entramos en comparaciones personales y profesionales. Admiro igualmente a las personas que se levantan por la mañana a trabajar, soportan atascos, aglomeraciones en transporte público, cargan peso, realizan esfuerzos físicos, mentales, de todo tipo.

A veces creo que hay tantos problemas de autoestima por el grado de valor que se da a las profesiones y por la falta de respeto hacia las personas que las ejercen. Siento tanto agradecimiento hacia la persona que me pone el café por la mañana, siento tanto respeto por las personas que han puesto ladrillo a ladrillo de mi casa y edificio donde trabajo. Valoro tanto el médico que me ha sacado las castañas del fuego cuando he caído.

Confieso cierto hartazgo hacia las idolatrías y casi sometimiento hacia determinados personajes públicos. Valoro como decían que sepan dar raquetazos, patadas a un balón, tengan una voz capaz de erizar el vello. Todo esto es parte del espectáculo y es genial.

Como sea, la historia nos pertenece a todos por igual. Conocemos a los generales que han planificado y casi obligado a ir al frente con su culo bien pegadito al asiento, pero la lucha la han enfrentado los soldaditos de a pie, quizás incluso por una causa ajena a ellos; así es la vida.

Por eso esta oda al anónimo es para ti, para mi, para todos porque el mundo no hubiera respirado nunca si nosotros y los ídolos os necesitan más que vosotros a ellos, no me cabe duda.

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