A ver si quedamos

Una historia de agendas apretadas y procrastinación

Rex tenía su agenda siempre a mano para poder cuadrar sus actividades diarias. Trabajaba en una importante empresa tecnológica, pero sin embargo le gustaba adquirir a primeros de años un recambio en papel de la agenda para adaptarlo a las tapaderas que tantos años le habían venido acompañando. En eso si que era de papel y bolígrafo, porque todo su trabajo giraba entorno al mundo de la computación.

Terminaba su jornada laboral tarde y llegaba a casa con ganas de no hacer nada. Necesitaba desconectar con unos minutos de televisión mientras actualizaba y se ponía al día con sus redes sociales. Por su mente pasaban una lista interminables de “tengo que”: mañana tengo que comprar y debería llamar a mi madre. También sería bueno que pasara por el gimnasio.

Mientras cenaba, tomaba su teléfono para contestar los mensajes que le habían ido entrando. Muchos de ellos irrelevantes; memes, bromas y opiniones de grupo. Sin embargo, diariamente un patrón común destacaba en los cierres de alunas conversaciones: “Bueno, a ver si quedamos…”, “Tenemos que encontrar un hueco…”, “A ver si….”.

La mañana del veintiuno de abril, fue diferente. Desde que salió tenía una sensación interna extraña, como si algo fuera a pasar, aunque Rex no quiso reparar en ello. Siguió derecho hasta su puesto de trabajo y se sentó delante de su máquina. El ventilador del equipo sonaba casi como un lamento generaba una vibración intermitente que se expandía por la mesa. Cuando puso las manos sobre el teclado notó una corriente interna por todo su cuerpo, como un latigazo; se estremeció y calló redondo.

Cuando despertó fue en una cama de hospital de psiquiatría. No sabía expresar en su lenguaje materno, sólo transmitía instrucciones en C++, el lenguaje de programación por el que le habían contratado. También podía comunicarse en binario, cosa muy útil teniendo en cuenta que por acuerdo, habían determinado que “0=Si” y “1=No”.

Su amiga y compañera de trabajo Vera, había llegado a la conclusión de que era posible reprogramarle aprovechando los nodos que le habían conectado a su cerebro insertando las clavijas a su equipo portátil. Se molestó en adaptar una versión del diccionario de la RAE estableciendo reglas y equivalencias entre el argot de C++ y las palabras en Español. La versión 1.0 era muy simple, carecía de frases hechas y expresiones complejas, de segundas intenciones, etc. Era suficiente para volver a comunicarse con normalidad.

Volvió a la rutina con su lenguaje sencillo. Tomaba el mismo medio de transporte, se sentaba en su pupitre y programaba, pero ya desde el primer día algo sutilmente había cambiado…. Revisó los mensajes y contempló en varios de ellos que existía una expresión que ahora desconocía: “A ver si nos vemos”.

¿Cómo? No entiendo a que te refieres “a ver si” por qué no nos vemos mañana, mañana mismo, después de trabajar. En su programación, algo había cambiado, simplificaba mucho más todo, ponía intención en encontrar hueco en su agenda con las personas que quería, parecía estar más presente en todo.

Vera su amiga del alma se había ocupado de incluir en su nuevo diccionario las principales palabras, pero también le había transferido la función C++ “Carpe diem” (vive el momento). Rex era otro, era feliz.

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