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Camino de Santiago

Camino de Santiago

Una experiencia más que va más allá de la Introspección

Fue en el año 2014 cuando mee decidí a hacer simbólicamente el Camino de Santiago en su versión breve (desde Sarria). No buscaba nada en concreto, pero quería vivir la experiencia y con unos días libres por delante era el momento.

Dicen que es un viaje para la introspección, pero yo creo que es un viaje que sencillamente te da lo que necesitas. En mi caso no buscaba nada en concreto a pesar de que aún tenía reciente la muerte de mi madre. Ya había tenido tiempo suficiente para estar conmigo mismo, para tener mis momentos de soledad y para madurar además algunos cambios que se me avecinaban. No obstante no todo el mundo ha podido “disfrutar” de esos momentos para con uno mismo y esa intimidad sí te la puede dar el camino.

Mi guión comenzó desde la estación de tren de Madrid, cuando di con mi querida amiga Anita “polvorilla” y posteriormente, en el mismo día con “terremoto” Cris. Mi plan inicial era totalmente anárquico, sin reservas previas de albergues ni una ruta diaria cien por cien definida en lo que a kilómetros se refiere. Me lo iba a tomar con tiempo, sin pausa pero sin prisa, aunque mira tú por donde que fui a dar con dos “terremotos” que además iban más justas en calendario. Una vez acoplado al grupo, mi idea incial se amoldó por completo, llevando a cabo las etapas completas y anticipando la reserva del albergue.

Es curioso lo que el camino da, pues siendo tan diferentes como somos, compartíamos eso sí el fallecimiento reciente de nuestras madres, muy queridas por los tres. De alguna manera durante esos días nos aferramos al calor de una pequeña familia.

Mientras tanto y entre medias éramos testigos de la cantidad de gente tan dispar que transita por los senderos gallegos: grupos de religiosos, penitentes, deportistas, amigos, solitarios meditabundos, personajes pintorescos y hasta algún famoso que se dejó caer por aquellos lares.

Clásicas cuestiones del Camino de Santiago

Algunas de las cosas que inquietan a los “menos aventureros” es el hecho de compartir habitaciones o salas para pasar la noche. El propio cansancio hace que caigas rendido aunque tengas al lado a algún aficionada al ronquido; yo por si acaso eso sí, me llevé unos buenos tapones. Respecto a las duchas y baños suelen estar bien organizadas para los más pudorosos. En general, la mayor parte de instalaciones que vi, estaban bien acondicionadas y si buscas información sobre el tipo de calzado o el equipaje, en la red encontrarás  mucha información compartida por los propios gurús del Camino de Santiago, gente que lo ha completado desde lugares diferentes o desde la Federación Española de Asociaciones de Amigodel Camino de Santiago.

 Por lo demás la verdad es que todo fue en un tono muy distendido, llevábamos buen ritmo, pero a medio día nadie nos quitaba un buen tentenpie y si se prestaba un buena cerveza. El plato fuerte llegaba al final de la etapa, que nos poníamos morados para reparar fuerzas.

 La llegada a Santiago es muy especial. Cuando llegas a la catedral se da una mezcla de sentimientos; por un lado cierta nostalgia porque el camino se termina, pero también la alegria inmensa de haber conseguido el reto que se multiplica por tres con el sonido de las gaitas y el ambientazo de la ciudad, es una maravilla.

En resumidas cuentas, si te estás planteando hacer el Camino de Santiago por el motivo que sea es más que probable que des con su magia, la alegría y espiritualidad de la gente que lo transita, porque lo que sí es cierto, es que algo siempre te cambia.

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